Tus mentiras saben a miel cuando me las dices al oído
mientras hacemos el amor, mientras nuestros cuerpos se funden de pasión y
ardor.
Tus mentiras me saben a verdad nacida en un mundo paralelo, superpuesto a nuestra imagen aunque sea por un instante.
Tus verdades, iguales a las de un muñeco, buscan mi mejilla en el sol
para golpearla y despertar a lo que nunca dejamos de ser, simplemente amantes.