lunes, 5 de febrero de 2024

¡Salud!

 Brindo por esa soledad acerba, que te aturde, te magulla, debilita, que te hace sentir ínfima. 

Salud a esa soledad que la traspasar su fino velo de aguijones, te sonríe, te levanta y revives con más coraje, más ganas y menos miedos.

Ímpetude de sangre hirviente, historia añeja y manos cultivadas en tinta de libertad.

viernes, 31 de mayo de 2019

Uno mismo

Y entonces,  te vuelves a dar cuenta que nadie más que uno mismo se decepciona.

Esperar que toda la gente actúe de la forma que, para uno es natural, es como esperar que el calor o el frío lo sintamos todos de la misma manera.

¡Salud!

jueves, 26 de julio de 2018

La luna para el toro

Beso esquivo en corazón de toro bravo
La luna le canta y él la evade...

Patas fuertes que pisan tierra firme
mientras ella en su estación no puede hacer más
que observar encantada la esbeltez de su cuerpo,
acariciarlo con su luz, cuando está despejado,
cuando oscuras nubes no amenazan entre los dos.

Él mira su presente, mira su futuro
sabe el valor de lo que tiene y de lo que quiere.
Ella vive un romance imposible,
tan fugaz como el suspiro del viento
corriendo sobre el pasto en noche calma.

La luna, en presagio de nunca ser correspondida,
decide vestirse, por una noche, de rojo sangre
y bailar en los ojos de su amado un tango que lo deslumbre,
que lo haga recordar que sea blanca, roja, llena o menguante,
permanecerá ahí, a lo lejos, queriendo a su toro en silencio.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Artillería

Lanzas y cuchillas rozan mis débiles orejas, mis pálidas mejillas,
la palma de mi mano y hasta rodean mis caderas.
Unas cuantas se clavan en mi espalda y otras se enredan en mi cabello.
Atacan mi sonrisa, mas, sonrisa es lo que me sobra.
Y aunque esta lluvia no la pueda parar, infeliz no soy.
Virtuosa he nacido y amada moriré.
Solo cuida no tocar más de lo que ves,
porque donde guardo los recuerdos,
escondo la artillería.



Noche

¡Qué noche linda! ¡Qué cielo estrellado!
De repente te veo menguante, pido un deseo y todos mis males desaparecen.  Mi casa, de mil luces adornada, con uno que otro blues callejero, da sabor a tiempo que no espera, aunque por un momento este se haya quebrado.  Me embarazo de ilusión a un futuro que deseo saboreando una sonrisa. Y por un segundo, instante eterno de una vida, me pierdo entrelazada en las cobijas de un fuerte viento y una suave brisa.



Pedazo de hielo


Que extraños esos días en los que levantas con los mismos ánimos de un pedazo de hielo. No te inquieta ninguna noticia, te da igual si el cielo tiene un color maravilloso y tibio o saber que la lluvia ya no te causa el mismo efecto cuando te roza el rostro. Supongo que cuando tus ojos han visto tanto y sabes que mucho más falta, y tus oídos escuchan solo ruido conocido que te hace accionar y reaccionar mecánicamente, todo se ve convertido en el "ritual social del día a día", de la mentira en la que uno también se vuelve parte, con gusto... Y mañana con gusto nos saludaremos de nuevo, pero trataré de estar libre de malas energías, de guardar en el cofre de experiencias todas las mentiras y decepciones, para alimentar este escudo frío que sale solo en ocasiones para proteger mi penosa ingenuidad.

Lluvia

De regreso a Quito, la lluvia no me parece tan mal. Es más, salir una noche a caminar solo para pensar y disfrutar de ella me entusiasma. Ver calles iluminadas, apresurados rostros de susto o de frío, parejas besándose con toda la cara empapada sin importarles el qué dirán. Mis labios mojados y nadie que me reconozca.  Resulta inevitable dibujar una sonrisa.  Espero llueva esta noche.