De regreso a Quito, la lluvia no me parece tan mal. Es más, salir una noche a caminar solo para pensar y disfrutar de ella me entusiasma. Ver calles iluminadas, apresurados rostros de susto o de frío, parejas besándose con toda la cara empapada sin importarles el qué dirán. Mis labios mojados y nadie que me reconozca. Resulta inevitable dibujar una sonrisa. Espero llueva esta noche.
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